Qué ironía: hoy puedo leer sobre blockchain y ciencia descentralizada gracias a una tecnología que en su tiempo también revolucionó el mundo—la imprenta. El saber siempre encuentra nuevas formas de escaparse.
Desde 1995, la UNESCO ha proclamado el 23 de abril como el Día Internacional del Libro… y no sabemos por qué. Bueno, sí sabemos. Pero es que, para muchos, la fecha parece casi increíble. Un número tan simbólico ha sido también motivo de luto literario, pues en él coinciden las muertes de varias figuras célebres de las letras universales (según la preferencia popular, claro). Algunos de los nombres ilustres que partieron un 23 de abril son Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla, Manuel Mejía Vallejo… y, por supuesto, Cervantes y Shakespeare.
Ahora bien, dado que la ciencia vive una transformación radical hacia lo abierto, colaborativo y descentralizado… ¿no sería acaso el momento ideal para reflexionar sobre el papel del libro en la construcción de una ciencia más equitativa?
La imprenta de Gutenberg
La imprenta de Gutenberg fue, en realidad, un gran paso hacia la primera descentralización del saber. Recordemos que, por allá de 1440, los libros eran copiados a mano y selectivamente por algunos religiosos y académicos: élites muy estrictas que seguían criterios rígidos sobre qué ejemplares merecían ser reproducidos.
Entonces llegó la invención de la imprenta, y con ello, la ruptura de un sistema monopolizado. Esto permitió la reproducción y distribución de textos inconmensurable, pero, sobre todo, aportó a la alfabetización, estimuló el criterio y el juicio, así como nuevas redes de ideas rebeldes para la época. Además, debilitó el poder del clero sobre el pueblo.
Digamos que Gutenberg descentralizó la palabra escrita.
Lamentablemente, la imprenta no tardó en ser absorbida por el mismo sistema, en el que a menudo ya no cualquiera tiene derecho a publicar. Existen nuevas políticas, condiciones para el tiraje, restricciones creativas y un sinfín de malas noticias.
De la imprenta a… ¿la blockchain?
La blockchain funge como una herramienta base en la tecnología de la Ciencia Descentralizada, y análogamente podemos trazar una comparación entre ambas que resulta más que evidente: en estas cadenas de bloques, toda información digital puede verificarse, compartirse y preservarse sin necesidad de una entidad central (casas editoriales, academias, revistas o universidades). Es algo así como cuando la imprenta volvió libre todo conocimiento plasmado en papel. La DeSci, a través de la blockchain, volvió libre el conocimiento digital. De modo que ambas han contribuido a la liberación del saber y a la reducción de barreras de acceso.
Existe, sin embargo, una diferencia potencial en la DeSci respecto a la imprenta: a través de redes como DeSci Labs o Research Hub, los usuarios no solo tienen acceso a investigaciones o aportes que conectan extremos del mundo, sino que también —si así lo desean— pueden contribuir con información, cuestionarla, difundirla o incluso financiarla.
Y qué ironía… ahora podemos leer sobre blockchain gracias a un invento como la imprenta. Gracias a Gutenberg, los libros dejaron de ser exclusivos del club de los monjes medievales. Ahora, con DeSci, la ciencia también se escapa de los castillos académicos. Blockchain es como una biblioteca sin candado… ¡pero con contraseña! Moraleja: compartir el saber nunca pasa de moda, solo cambia de formato.
Referencias
UNESCO. (2023). Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.
Decentralized Science DAO. https://desci.com
Gitcoin. (2023). DeSci Funding Landscape Report.