Se nos ha dicho desde pequeños que esté mundo es de los valientes, de los que dejan huella, de los que tienen más dinero. Nos han dicho que para lograr el éxito, hay que ser asertivos y tener liderazgo. Que con fuerza y lucha vamos a salir adelante. Comerciales, películas, canciones, instituciones en todo el mundo repiten inconscientemente (o no) el discurso de desigualdad de género que crea la sociedad que nos rodea.
Pero, y si a quien le dices eso es a una niña, ¿Podrá encontrar el éxito con los mismos atributos que un hombre? ¿O tendrá un sin fin de discursos misóginos que la lleven a dañarse y sonreír mientras sucede? Porque para ser asertivo, un hombre puede demostrar enojo y grandes explosiones de energía, mientras que las mismas corporalidades son consideradas agresivas y no apropiadas cuando las adopta una mujer. A su vez el liderazgo socialmente aceptado para las personas femeninas es sumiso y conciliador, suponiendo erróneamente que la naturaleza femenina es maternal por defecto e incapaz de liderar adecuadamente por ello.
La disonancia cognitiva más grande en mi vida es crecer en un mundo de hombres siendo mujer. Como la representación de la conciencia del ángel y el diablo en cada hombro susurrando para influenciar nuestras acciones, se hacen presentes el discurso del éxito laboral lleno de supuestos beneficios económicos con los requisitos de ser agresivo para ser tomado en cuenta sentado en un hombro y el deber social ligado al género femenino con sus invisibles restricciones a través del miedo, la culpa y el dolor sentada en el otro. Cada uno gritando discursos misóginos que muchas veces, pasan desapercibidos.
La lucha por la igualdad no solo sucede en las leyes y las instrucciones. Sino en cada interacción que tenemos entre individuos. Se da desde la crianza en el hogar hasta los espacios públicos y gubernamentales. Y aunque se habla mucho de las grandes acciones como legislación y políticas empresariales que promuevan consecuencias para actitudes violentas, poco se habla de las acciones que podemos adoptar en nuestra vida cotidiana para modificar nuestro entorno.
El término micromachismo fue acuñado por primera vez en 1990 por el terapeuta argentino Luis Bonino para describir comportamientos cotidianos, sutiles y casi imperceptibles que perpetúan la desigualdad de género y refuerzan la idea del dominio masculino en la sociedad. Estas conductas aunque pueden pasar desapercibidas contribuyen a mantener las estructuras de poder que son desiguales para hombres y mujeres.
Bonino los divide en cuatro categorías: Coercitivos, que se presentan cuando los varones utilizan la fuerza física, psicológica o monetaria para restringir a las mujeres de hacer cosas; Encubiertos, son los más sutiles y suceden cuando las manipulan psicológicamente para que ellas limiten sus deseos; De crisis, utilizados cuando los varones ven peligrar su dominación. ''Hacer méritos'' podría ser uno de ellos; y finalmente, los utilitarios, que se ejecutan principalmente en las tareas domésticas volviéndose roles preasignados a las mujeres en el hogar.
Algunos ejemplos de que estas conductas se han permeado tanto en la sociedad se puede ver en acciones inconscientes como un mesero entregando la cuenta al hombre porque en automático se asume que la mujer no es la que va a pagar la cuenta; o cuando vemos a un hombre interrumpiendo a una mujer a la mitad de su idea sin escuchar su punto de vista en conversaciones comunes en el hogar o incluso en el trabajo, donde suele aceptarse socialmente, pasando como el “jefe poderoso”. Muchas de éstas escenas forman parte de la vida de todas las personas del mundo, afecta principalmente a mujeres y disidencias de género aunque nadie está exento de sufrir por ellas. Es más común ver estos patrones de conducta en hombres pero, todas las personas podemos tener estos comportamientos de manera inconsciente y verlos como normales.
El término microfeminismo, aunque no tan común ni ampliamente definido como micromachismo, se utiliza en diversos espacios feministas para referirse a pequeñas acciones diarias que buscan desafiar o contrarrestar el machismo y la desigualdad de género. Se podría entender como un conjunto de gestos, actitudes y cambios individuales que, aunque sutiles, contribuyen a la transformación social desde lo cotidiano.
Una de las pequeñas acciones que se pueden adoptar para mejorar nuestro entorno es cuestionar las conductas que tenemos día con día y frenar aquellas que perpetúan un mundo desigual para las personas sin importar su género.
Podemos adoptar acciones cotidianas opuestas a las antes descritas, los microfeminismos podrían empezar a modificar la estructura en la que está edificada la sociedad machista. Acciones pequeñas pero constantes que desafían normas patriarcales, como rechazar expectativas de género impuestas como: corregir comentarios sexistas, o educar a otras personas sobre la igualdad crean resistencia en lo cotidiano.
Mientras que decidir sobre el propio cuerpo, la salud, la vestimenta, la carrera profesional o la vida personal sin estar condicionadas por mandatos sociales tradicionales proporciona la autonomía necesaria para el autodescubrimiento y el desarrollo integral del ser humano. Visibilizar el papel de las mujeres en la historia y la sociedad, usar un lenguaje inclusivo y promover narrativas más equitativas en los medios y la cultura crea representación en el espacio público, esencial para servir de inspiración para las futuras generaciones.
Acciones tan sencillas como decir “todas” cuando hay mayoría mujeres en una reunión, asumir que la profesionista que te atenderá y que no conoces será mujer y utilizar pronombres femeninos para referirse a las profesiones (doctora, ingeniera, maestra, etc) aunque parecen casi insignificantes, son acciones que podrían permear en la sociedad si más personas los adoptamos.
Es imprescindible crear y promover el uso de redes de apoyo entre mujeres y disidencias de género para fortalecer su autonomía y alzar su voz en distintos espacios, así como fomentar estos espacios en nuestra vida diaria crear una cultura de sonoridad y apoyo mutuo que permee eventualmente a todas las personas.
Estas acciones muchas veces generan que quién va en el ajetreo del día a día donde el discurso predeterminado es masculino pausen por un segundo “para corregir la gramática”, pero puede sembrar la curiosidad sobre la elección de palabras y si la persona tiene un poco de introspección podría empezar a generar duda sobre el lenguaje predeterminado y su impacto en la realidad que creamos en acciones hormiga.
Todos los días son una oportunidad para ser la persona que soñamos, todos los días son una oportunidad de reinventarse, para crecer, para sanar y empezar de nuevo las veces que sea necesario. Todos los días son una oportunidad para hacer un mundo más amable con todas y todos. Se requiere crear conciencia de todas nuestras acciones para empezar a generar el cambio, para empezar a exigir derechos humanos en igualdad en nuestra vida diaria.