Es la herencia que más profundo caló en mi ser, una idea que mi padre me entregó en hechos y palabras.

De pequeño era un niño muy inseguro, me sentía incómodo con los demás y prefería estar solo, escondido bajo la cama o arriba del clóset, sentado en el piso apoyado en un buffet, leyendo folletos de personajes famosos de la historia en vez de ir a jugar a la pelota con los vecinos. Ese sentimiento de que no encajaba en ningún lado me hacía sentir un bicho raro. Mis hermanos, en su labor de hermanos, me lo decían en la cara con el afán de que mágicamente la situación cambiara, pero así no funcionaba yo. Hoy sé que así no funcionaba mi cerebro.

Niño escondiéndose bajo su cama

Pero a pesar de que mis padres no entendían por qué era así, de los pocos recursos que tenían, me entregaron la herramienta más poderosa que conservo hasta hoy.

¿Han notado que las mamás se apegan al hijo que tiene más problemas? Bueno, yo era el regalón de mamá. Donde ella estaba, había pegado a su falda un pequeño monito cabezón (yo), y mamá me defendía del mundo. Durante la infancia solo recuerdo a mamá entregándome amor y la seguridad de que ella creía que yo era el mejor ser que podía existir. Siempre supe que eso no podía ser cierto; habían muchas personas que hacían las cosas mejor, y me frustraba no poder ser mas hábil, pero la timidez no me daba libertad de movimiento. Era como si mis manos estuvieran pegadas al cuerpo y, si alguien me miraban, me paralizaba. El rubor de mi cara captaba más la atención de la gente, cayendo en un bucle infernal. A pesar de eso, recuerdo como todo se arreglaba con una mirada cargada de amor y su abrazo protector.

Mi padre, un hombre duro por su trabajo de mecánico y con una crianza muy adversa, me dio un ejemplo de que el pasado no te debe definir. Recuerdo unos dedos toscos y de piel gruesa lavando mi cabeza; era como si el trabajar con fierros hubiera transmitido a sus dedos una cáscara de dureza sobre las yemas, pero hoy que soy padre lo recuerdo con toda la ternura del mundo. Bueno, ese hombre que no lo tuvo fácil no se conformó con lo que tenía y salió de su pueblo porque su inquietud lo llevó a buscar más.

"Puedes ser lo que quieras." Fui difícil de entender, sobre todo para alguien que no tuvo comprensión en su infancia, pero siempre estuvo ahí, brindando apoyo en lo que pudo y sin permitir que me limitara, y no estoy hablando de estudios, estoy hablando de vida. Cuando quise empezar a trabajar, me dio la frase que hoy grabe en mi frente: "Si vas a hacer algo, siempre sé el mejor." Alguien podría pensar que puso una meta imposible, pero para alguien inseguro fue la razón para empujar mis límites poco a poco. En algún momento dejé de pensar que todos eran mejores que yo. Me di cuenta de que tenía capacidades únicas y me aferré a ellas hasta hoy.

Ya no hay límites, no existe temor a realizar proyectos. Hoy no me limita mi mente ni mis inseguridades; los límites son circunstanciales y externos. Hoy siento que mi mente es libre y mi espíritu se expande.

Viajé al pasado para justificar cómo es ese mundo mejor que quiero dejar a mi hijo:

"Quiero un mundo donde mi hijo no tenga que luchar contra las barreras invisibles que su propia mente pueda levantar, que la única barrera real sea no intentarlo y que su valentía de probar sea su mayor fortaleza. Deseo entregarle un halo de protección, una confianza inquebrantable en sí mismo, para que nada ni nadie, ni las dudas ni las opiniones ajenas, puedan arrebatarle esa paz interior que lo haga sentir que es suficiente tal y como es. Un mundo lleno de oportunidades infinitas, donde su curiosidad y deseos no tengan freno, donde siempre se sienta con el valor de ir tras aquello que desea ser y aprender, sin temer al error ni al fracaso."

Quiero que su mundo mejor nazca desde el y se expanda hacia el mundo exterior.

Mundo expandiendo hacia el exterior