Si tuviera que hacer una confesión hacia mí misma, en el proceso que llevo actualmente, donde me he quitado mis máscaras, las vendas que cubrían mis ojos y mis heridas, me diría que mi vida ha sido sobre escapar de la corona que me pertenece.


Yo soy una persona que no le gusta creerse superior a los demás, ni menospreciar a las personas que me rodean, pero eso me ha llevado a no reconocer quien soy yo, por evitar que se repitan situaciones que me marcaron a temprana edad, porque siempre he destacado en mi entorno aunque no lo quiera, siempre termino explorando cómo mi mente e intuición se expanden, pero he huido de eso para no ser la persona más inteligente del cuarto, porque eso siempre lleva una gran responsabilidad.


Mis deseos, los sueños que he tenido, los temas de los que he leído, todo desde temprana edad me ha mostrado que tengo grandes cosas por hacer, por decir, por crear, pero yo dejé apagar ese fuego, más que por las críticas, porque me di cuenta del peso que llevan los líderes, el peso que cargan quienes toman las decisiones, las riendas, el sufrimiento de los revolucionarios, de los eruditos, y eso me aterra.


Solo mira a esos niños que explotan su inteligencia desde temprana edad, y se quitan la vida por sentirse asfixiados. O líderes que buscan crear un cambio, que terminan cayendo en los mismos errores que en un principio querían evitar. Me pierdo en mis pensamientos explicándome la filosofía compleja que abarca la historia, a nosotros como humanos, y eso me llevó a esconderme.


Escondí mi esencia de mi misma.


Y ahora veo que la única manera de salir del estado que me ha hecho tanto daño, es volver a ella, aunque sienta que es un gran riesgo. Aunque sienta un peso, un miedo, el futuro respirando en mi espalda, y vea mi camino lleno de obstáculos, creo que es hora de aceptar mi corona. Si han leído, mi pequeña comunidad, estoy abriendo mi corazón en mis escritos, porque no me queda más, con la esperanza de plasmar cómo me he perdido e intento encontrar mi camino, hablar de lo que casi no se habla.


Así que si me preguntaras ahora, qué símbolo me representa, diría que una corona, pero el momento en que la toco, deja de ser de oro pesado, y se llena de plantas y piedras de las que nadie sabe sus nombres porque su valor no lo entiende el común capital, solo quienes ven con la intuición.