La palabra "soberanía" proviene del latín superanus, que significa "supremo" o "superior". En su sentido más amplio, se refiere a la autoridad suprema o el poder absoluto que tiene una entidad sobre un territorio, una nación o un grupo de personas. La soberanía implica autonomía y control total, sin estar subordinado a ninguna otra autoridad.

En un contexto individual o personal, la soberanía se refiere a la capacidad de una persona para tomar decisiones autónomas y tener control sobre su vida o aspectos específicos de ella.

A lo largo de mi vida he tenido la fortuna de convivir con una amplia diversidad de mujeres, en diferentes condiciones, con diferentes oportunidades, privilegios, desafíos, etc., lo que me ha permitido construir una perspectiva amplia sobre los caminos que puedo elegir o evitar como mujer.

Tuve la fortuna de tener muy cerca a una mujer que fue disruptiva para su época y el contexto en el que creció: empresaria, viajera, enamorada de su familia, trabajadora incansable, implacable, exitosa.

Cuando pienso en la palabra soberanía, inevitablemente viene a mi mente su imagen: su cabello blanco y brillante como la plata, labios rojos, sus camisas de seda que, aunque coloridas, no le restaban un ápice de elegancia, sus pashminas (que he heredado), su mirada cálida y al mismo tiempo inspiradora de gran respeto, y su constante lucha en contra de los diminutivos: no es "platica", es "plata"; no es "galletica", es "galleta".

Cuando pienso en la palabra soberanía, pienso en ella: mi tía-abuela Yeya.

Me pregunto: ¿cómo en el ámbito financiero y empresarial ella, en su época, logró destacar?

Hablamos de que su vida laboral comenzó a mediados de la década de los 40 como secretaria de contaduría.

Educación financiera

Sin lugar a dudas, la educación financiera fue un factor crucial para que Yeya construyera la vida que tuvo.

No tengo muchos detalles de cómo fue su educación o cómo pudo acceder a los conocimientos que se requerían en la época, y me atrevería a decir que la mayor parte los adquirió en el ámbito laboral.

Yeya fue una mujer con un vasto conocimiento en administración de empresas, finanzas e inversiones. Además, confiaba en sus conocimientos y hacía valer su experiencia. Esto lo sé porque era ella quien aconsejaba a familiares y amigos en estas áreas cuando alguien solicitaba su ayuda. Además, cuando decidió retirarse de la empresa que dirigió por muchos años, quienes la sucedieron seguían consultándola sobre decisiones importantes.

Existe una estadística que indica que la mayoría de las mujeres delegan sus decisiones financieras a una figura masculina, tenga este conocimientos sólidos o no.

Comprendo que durante siglos los hombres han sido dominantes en el ámbito financiero y empresarial, y que un sesgo sistémico ha desalentado la participación activa de las mujeres en la economía, limitándolas al cuidado del hogar. Sin embargo, hoy esto ya no debería ser excusa, pues la información se ha hecho más accesible para todos gracias a la tecnología.

Esto no va de a quién deberíamos consultar sobre finanzas ni mucho menos de erradicar la opinión masculina. Lo que intento decir es que debemos crear nuestro propio criterio y no confiar a ciegas. DYOR (Do Your Own Research, por sus siglas en inglés) debe convertirse en tu mantra.

No puedo evitar sentir orgullo por el hecho de que en mi familia, la referente para temas monetarios fuese una mujer, y aun así soy consciente de los errores que se pudieron evitar si quien recibía un consejo se hubiera tomado la molestia de indagar un poco más por su cuenta.

Aprender sobre finanzas e inversiones, en mi opinión, es tan importante como aprender a leer o escribir, porque te otorga autonomía y te posiciona en la sociedad de una forma diferente; es abrirte a la posibilidad de un mejor futuro.

No es necesario tener un patrimonio considerable para aprender sobre estos temas, todo lo contrario. Aprende cómo darle un buen manejo a tus finanzas personales, hazte consciente de tu poder económico, y lo más probable es que veas cómo un pequeño patrimonio puede crecer a lo largo del tiempo.

Un paso adelante

Supongamos que puedo manipular el tiempo a mi antojo y juntar dos momentos de la historia:

El primero: siglo XX, años 40, una Yeya en sus veintes, migrante y comenzando su carrera profesional en los Estados Unidos.

El segundo: siglo XXI, año 2024, revolución tecnológica y financiera.

¿Qué pensaría Yeya de las criptomonedas y de la Web3? Me pregunto con curiosidad y sin intención de emular sus decisiones. ¿Hubiera incluido bitcoin en su portafolio? ¿Hubiera sido una negacionista?

Si evoco la imagen que tengo sobre ella, su forma de vivir, su inteligencia, curiosidad y perspicacia, puedo imaginar que hubiera sido una entusiasta de la industria cripto.

Nunca lo sabré, o quizás lo haga con la ayuda de la IA…

Volviendo al tema, lo que voy a decir puede sonar a malas noticias:

  • Tener una cuenta de ahorros en un banco es como tener el dinero debajo del colchón y perderá valor con el tiempo gracias a la inflación.
  • Los intereses de tu banco están por encima de los tuyos.
  • El banco no es el mejor custodio de tu dinero.
  • El banco puede adueñarse de tu dinero si se ve en apuros.
  • Los bancos también toman malas decisiones financieras.
  • La dupla banco + gobierno ha sido destructora de riqueza.

Conclusión: delegar la administración de tu dinero a un banco te resta soberanía sobre tus bienes. No se vale seguir confiando ciegamente en entidades bancarias o entidades gubernamentales, ni en nadie.

La buena noticia es que existen alternativas al colchón donde puedes hacer que tu dinero no pierda valor con el tiempo y que, gracias a la tecnología, están al alcance de todos.

Dentro del sistema tradicional, invertir en la bolsa de valores es un buen punto para comenzar. Existen productos de bajo riesgo como los ETF y fondos indexados que, dependiendo del índice que repliquen, han demostrado tener un desempeño positivo a lo largo del tiempo, por ejemplo, el S&P 500.

Por otro lado, tenemos la Web3, criptoactivos y DeFi (Finanzas Descentralizadas) que te permiten autocustodiar tu dinero.

En esta ocasión no voy a adentrarme a intentar describir esta industria porque haría este texto infinito, pero quiero mencionar algunas de sus bondades y espero alcanzar a despertar un poco de curiosidad:

  • Descentralización y eliminación de intermediarios.
  • Acceso global y democratización financiera.
  • Transparencia y seguridad gracias a la tecnología blockchain.
  • Autonomía y control personal.
  • Resistencia a la censura.

Vamos, que el mensaje que te he querido transmitir desde que comenzaste a leer es que tomes responsabilidad de tus finanzas, que tomes la sartén por el mango y que dar un paso más allá es tener en tu radar las opciones a las que hoy puedes acceder gracias a la tecnología.

Estoy segura que Yeya estaría muy feliz de ver la facilidad con la que hoy podemos acceder a una gama tan amplia de productos financieros.

Reflexiones finales

  • Controla tu futuro financiero con conocimiento.
  • No delegues tus decisiones económicas sin cuestionar, vamos a erradicar esa estadística.
  • La soberanía financiera empieza con la educación.
  • El empoderamiento financiero es una herramienta de igualdad.
  • Las decisiones financieras informadas crean seguridad.
  • La educación financiera debe ser un derecho para todos.
  • El conocimiento en finanzas e inversiones será transversal al oficio que decidas ejercer.
  • Recuerda DYOR (haz tu propia investigación)
“Cuidar tu dinero es un acto de autocuidado” Sabrina Castelli fundadora De Mujeres Financieras

Gracias por leer, hasta pronto…