Aunque por mi satisfacción nos dejamos de frecuentar, ahí están siempre las musas, visitándome en su forma irrepetible, improvisada, irregular.

Algunos gozan mucho de las musas.
"¡Afortunados!" Eso cree gran parte.
"Quizás de naturaleza creativa son mis buenos genes", creen otros.

Están también los espectadores, quienes al posicionarse fuera de escena ven a las musas en todo momento jugando con los pasionales artistas.

No hay dudas, las musas siempre están.
Cedo el mando al contexto.
Nado en su atmósfera eligiendo lo que brinda.
Era fácil al fin.
Me atrevo a bailar con una musa y me inspira confianza, mi ego se eleva a un momento sublime donde su protagonismo se disuelve y no infecta ni envenena.
Agradecido, la suelto para bailar con otra musa pensando que esto dará para rato pero el baile se acabó hace tiempo y yo sólo estoy acá, recordando pero sintiendo como si estuviera sucediendo ahora, en una inercia psíquica que cuando dio respiro me mostró el momento real.

Camino largos ratos, nada sucede.
Converso largas charlas, nada sucede.
Se que eso siempre lleva a algo pero nada sucede.
Extraño rápido a las musas, visitan cuando uno no las espera
y eso es trampa para cualquiera.
Ojalá vuelvan.
De todas maneras siempre puedo observarlas de lejos, bailando con artistas, entregando desinteresados placeres.